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Alejandra Quesada

Colección Otoño Invierno 2012-2013


“En general, mi espíritu se inclina hacia lo absurdo, hecho posiblemente derivado del surrealismo y de la complicada, absurda y ridícula inutilidad de la vida”,
Pedro Friedeberg (Enero 11, 1937)



Siempre he respetado el arte y la visión de vida tan sarcástica y divertida del pintor y escultor Pedro Friedeberg, por eso le decidí hacer un homenaje; esta colección es la primera parte.



Como yo, Friedeberg cree en la imaginación y en la fantasía, y esos son los valores en los que basa su trabajo, los mismos de donde surgen mis diseños. Habla de escenarios oníricos que salen por completo de lo cotidiano, que lo convierten en un surrealista, y, entre otras cosas, le encanta el elemento de la sorpresa.



Tiene una idea muy concreta de lo que es la poesía. Se vale de lo ridículo, lo bizarro y lo extravagante para burlarse y cambiar un poco el sentido decorativo de nuestros tiempos modernos. Ha dicho que le gustaría que su obra o los muebles que crea fueran seres vivos, que se movieran y que tuvieran alma.



Se ha declarado admirador del arte simbólico, le gusta que el arte tenga un significado y que no sea meramente visual y decorativo, por eso trata de darle trascendencia o importancia a cada una de sus piezas al incluir todos los símbolos posibles de todas estas civilizaciones que ha usado a lo largo de su carrera, por ejemplo, los círculos de las familias feudales japonesas que se parecen a los copos de nieve vistos desde un microscopio. Símbolos de la alquimia y brujería de la edad media son recurrentes en su obra, representaciones esotéricas que, en un principio, provienen del inconciente, pero pasan a forman parte de la mentalidad del pintor, ya que las considera visualmente bonitas, además de poderosas y mágicas. En la obra de Friedeberg hay muchas referencias de cultismos, filosofía oriental, budismo tibetano y zen, a través de las que trata de entender el espíritu y la vida del hombre en el cosmos.



Pedro Friedeberg es un hombre excéntrico, filosófico, intimista, callado, casi oculto; pero, más bien, su personalidad la esconde. Por lo que he leído y escuchado de él, creo que vivió en una época muy parecida a la que nosotros los jóvenes vivimos actualmente en México… al menos, mi mundo.



Siento que él es como yo. No se preocupa mucho por las corrientes y tendencias de nuestro momento. Le encanta el tequila, como a mi. Le gustan las cosas minuciosas, detalladas y quisquillosas… siempre se ha interesado mucho por la historia y los personajes, yo también.



Me identifico mucho con el bajo la óptica del “demasiado no es suficiente” y el gusto por el “sin sentido”.
Su obra pictórica es muy ecléctica. Tiene desde cosas muy antiguas hasta piezas que parecieran haber sido creadas en una computadora; también tiene elementos infantiles y hay veces que siente que no puede pintar tan bien como otros grandes pintores. Su trabajo es muy artesanal, cuidadoso, fino, y con elementos muy obsesivos. En su arte refleja su soledad, pero creo que es el reflejo del mundo que vivimos. Friedeberg, para tolerar la vida, creó y construyó la ausencia, los espacios mentales donde la gente no existe.



“Una vida alcanza para muy poco, creo que uno necesita 3 o 4 para realizarse plenamente. Una vida, por ejemplo, nada más para pintar y escribir, otra nada más para ver a tus amigos y emborracharte, una más para viajar y hacer el amor, otra vida para jugar futbol o visitar museos, cosas frívolas y estúpidas por el estilo”.



En 2009 se hizo la primer retrospectiva de Friedeberg en Bellas Artes, Pedro Friedeberg, arquitecto de confusiones impecables, cuando fui pensé que algún día me gustaría hacer algo con él; me sentí identificada y conectada con él, y sobre todo muy feliz. Así como Elsa Schiaparelli con Dalí e Yves Saint Laurent con Mondrian, yo quería hacer vestidos con Pedro Friedeberg.



Así que lo busqué para preguntarle si le podía hacer un homenaje. Me lo presentó Guadalupe Loeza y él no sólo aceptó, sino que me dio una motivación inexplicable con palabras.



Tres años más tarde les presento esta colección en la que todos los estampados fueron diseñados a partir de obras de Friedeberg. Cortes clásicos sobre seda, terciopelo, algodón y rayón combinados con chiffon de colores —principalmente rojo y negro— y lana con figuras geométricas. Resaltan las falda circulares y los vestidos inspirados en la década de los 60 y 70, pantalones pata de elefantes, ombligueras, piezas con plisados, sacos y chalecos capitonados. Los suéteres están tejidos a mano y hay otros tejidos en jacquard, los cuales trabajé a partir de los dibujos de Pedro.



Cada prenda lleva un nombre sobre la tela a partir de la obra impresa. Está la blusa “Hotel de las bellas mexicanas”, el vestido “El doble sentido del amanecer”, la falda “Gratuitas lecciones de euritmia en la cárcel de los cirujanos ladrones”, entre muchas piezas más.



Para los zapatos —plataformas de madera con rayas pintadas en dorado y negro— me inspiré en los marcos que hace Pedro para sus obras, un clásico que lo caracteriza.



Esta colección es una representación de cómo percibo a Pedro Friedeberg y a su obra. Y es, quizás, una de las más especiales que hasta el momento he creado.



“Los diez mandamientos de Pedro Friedeberg”:



1. Jamás portarás cachucha de béisbol o pantalones de mezclilla.
2. Nunca leerás best-sellers o libros de autoayuda.
3. Nunca nadarás con los zapatos puestos.
4. Jamás viajarás en clase turista.
5. Nunca hagas caso de tus amigos, ni de tus enemigos y menos de tus parientes. Escucha exclusivamente a tus perros y a tus gatos y jamás leas los periódicos.
6. Nunca caerás en modas pasajeras como la meditación, el joguing, los alimentos orgánicos o la “cibernética” y nunca fumarás menos de una cajetilla diaria.
7. No cultivarás amigos filisteos o fariseos ni maniqueos, a no ser que sean muy solventes.
8. Siempre dejarás propinas gigantescas.
9. Nunca abrirás una lata de sardinas con un secador de pelo.
10. Siempre recordarás que la hipocresía y el egoísmo son las más útiles virtudes para llevar una vida de pureza y elevación mística.


Alejandra Quesada

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